domingo, 14 de octubre de 2007

Romeo y Charlotte


Romeo y Julieta de William Shakespeare, o el amor imposible e inmortal. El amor de dos jóvenes apasionados e inexpertos se aboca a la más grande tragedia amorosa de la literatura universal. Ambos amantes se suicidan por amor, ante la imposibilidad de consumarlo y de estar juntos, ya que las familias de los dos son grandes enemigas.

En esta adaptación se parte del hecho que los dos amantes nunca se suicidaron, sino que vivieron juntos a escondidas. Se amaron durante unos 3 años, después se acabó. Romeo y Julieta se desenamoraron con el descubrimiento de cada uno. Julieta dejó de amar al joven Romeo y éste se derrumbó, se marchó del lado de Julieta y vagó un tiempo por Italia.

Hay un regusto amargo en esta interpretación que trata tan mal a los amantes inocentes, un poso de tristeza frente a un amor imposible. ¿Cómo contar ese amor imposible de forma tan determinante y tan cruel como la muerte, pero a la vez de forma menos apasionada? Con la cotidianeidad del aburrimiento de uno con el otro, con el enfriamiento de la pasión que se profesaban.

Romeo vuelve al poco tiempo a Verona y allí conoce a una chica, a la cual admira por su pureza, su carácter y su belleza. Charlotte se llama. Pasan un tiempo juntos sin que Romeo le hable de Julieta. Una noche, se quedan los dos tumbados en la playa de Verona, mirando al cielo.



Playa de Verona, por la noche. Corre una suave brisa que forma pequeñas olas. Romeo y Charlotte están tumbados en la arena, uno cerca del otro.

- ¿Qué habéis venido a buscar, joven Romeo, en este hermoso paisaje y en este ambiente tan íntimo?

Nada más que compañía. La soledad es mala consejera, ¿sabéis?.

- Entiendo. Pero parece ser éste lugar donde acaban los enamorados.

No me habléis de amor señorita, dulce traición que engalana las horas más tristes. No me hable de amor pues no le creo. Si es amor soñar el cielo prefiero andar en suelo firme, pues todo sueño es mentira y acaba. ¡Amor! No me hable de eso.

- ¿Quién era ella?

¿Decís?.

- La mujer que os ha hecho tanto daño, aquella por la que renunciáis al placer más intenso. ¿Quién era?.

Un ángel. Era de piel suave y blanca, tenía una belleza de cristal y quebrada, era frágil como un lirio a punto de romperse. La primera vez que la vi no dormí para no contaminar con mis pensamientos su figura. Es una debilidad. Hay cosas que no se olvidan nunca y en ella nada podía olvidarse. Tardé unas semanas en hacer una réplica exacta de su figura, cada milímetro de su piel, cada curva y cada textura, las recuerdo perfectamente. Me he convertido en un escultor cuya materia prima son los recuerdos y los sueños, un modelador de aire y de ideas, refugiadas todas en mi mente. ¡Cómo me duele la cabeza!.

- Acordaos siempre de ella, aunque os duela, porque no hay dolor más dulce que el que uno mantiene y le llena de vida. El amor es dolor, pero magnífico dolor, tiene el dulzor amargo de las cosas importantes, el sacrificio de las alegrías, es continua sorpresa, feroz tempestad, mar embravecido. Perdónala, perdónala por no amaros.

No la perdonaré. Si la perdono, la olvidaré.

- Tiene el corazón demasiado débil como para guardar rencor, ande, déjese llevar por las olas que llevan buenas nuevas. No hay lugar para el desconsuelo en un cuerpo tan joven.

¿Nunca se ha enamorado?.

- No, pero me desenamoro cada día. Siempre he soñado con encontrarme a la persona que me enamore por azar, en cualquier lugar. ¿Crees en el azar? ¿Nos encontraremos por azar?

Creo en el azar, pero he visto tus recuerdos apoyados en las estanterías, me sería imposible encontrarte por azar. De todas formas, ya nos hemos encontrado, ¿para qué el azar?

- Ya te he dicho que sólo era un sueño.

Sueña despierta, ¿quién no lo haría? En los sueños somos felices, ¡pero cuán falsa felicidad! El rayo más liviano del alba nos devuelve a la vigilia y con ella muere la fantasía. ¡Sueños! Sólo mentira.

- ¡Cuánta tristeza en tan poca alma!

No es tristeza, es amargura. Usted habla de sueños y yo sueño que se me escapa la vida.

- Es una noche hermosa, no diga esas cosas, que su pena maltrata mis sentidos.

Antes morir que causarle dolor. Diga que me marche y me marcharé, dígame que me quede y seré feliz, que terminar con la desdicha es siempre cosa de dos.

- Apenas sabe quién está a su lado. Apenas ha escuchado cien palabras de mi boca.

Dígame su nombre susurrando y que el aire bese sus labios.

- Charlotte, de noche y de día.

Charlotte, me tortura ese nombre por lejano e inalcanzable que parece.

- No os preocupéis si es lejano, a vos no os ocupa en exceso, un par de veces os lo he oído como para competir con la amada que os atormenta.

Mírame, si fuera valiente me daría unos azotes. El blanco de la piel es una mortaja de seda. ¡Ay, mi amor! Me estoy volviendo loco pero dulce locura la que me hace ver fuego y orquídeas en tus cabellos, aguamarina en tus pupilas diamantinas. Un muro. Un muro es lo que eres amor, y una esfinge. Maldita Dafne que congelada cuyos senos son flores cristalinas que tienen su aroma en el aire, mezcolanza de pureza y libido que embriaga las esporas.

- Me halagáis con vuestra charla, sois digno recitador, pero ¿qué os impulsa a decirme todo esto? Pocos hombres me han dicho tales palabras, tan elevadas que nublan mi razón, y de las cuales no doy crédito. No, no me amáis, gentilhombre, con la pureza de los sentimientos.

Os amo, ¡creedme, os lo suplico! Me habéis devuelto el amor herido, ¡Por qué debiera pensar en otra! ¡Qué maldición me ocupa, la de ser infeliz por amar a quien no es Julieta!.

- No os creo, habláis por ella, no por mí.

En vuestra compañía no deseo otra cosa y en vuestra ausencia pienso cosas terribles. Me imagino en vuestra cama pero no veo vuestro rostro.

- Veis el de Julieta.

No, se confunden los rasgos y se mezclan, se unen y se estiran. Crean un contorno difuso y no sé si amo a Julieta o a la dulce Charlotte.

- Sois cruel por decirme eso, y un desconsiderado. Mentís más que respiráis, y si respiráis amor es un amor contaminado y sucio.

Soy una marioneta del destino.

- Sois un cobarde. Eso es lo que sois. Y no creo vuestras lágrimas, ¡dejad de llorar, os lo suplico! No merezco una de vuestras lágrimas. ¿Por qué lloráis?

Porque te amo y no puedo detenerlo, porque me duele y me ahoga. ¿Sabéis?, el amor se nota en los pulmones, nada del corazón. Lo del corazón es una invención de los poetas.

- El amor también es una invención de los poetas.

Entonces acabemos con los poetas. ¡Qué estoy diciendo! ¿Por qué estáis a mi lado? ¿Por qué me torturáis con eso? Córtalo de una vez, no quiero volverte a ver.

Nos toca interpretar un papel prohibido. El lecho no lo anhelo vacío de vuestro aroma, pero temo que sólo sea un sueño pues no me he atrevido a decírselo, y por decírselo se aleja hasta lo imposible. Hubiera preferido amarla en silencio y en mi secreto desnudarla y besarla ¡Ah! Acariciarla, rozar suavemente su blanca piel, desde su esbelta pierna remontarme hasta su boca y desaparecer… pero todo esto no se lo pienso decir.

Aquí el cielo, aquí la tierra, Charlotte y yo tumbados en la arena. Me siento feliz y sin embargo me caen pesadas las lágrimas. Una parte de mí encuentra consuelo a su lado, la otra parte teme que se acabe demasiado pronto, y entre ambas me encuentro yo dividido entre presente y recuerdos, entre nueva flor y la rosa marchita. No es por mí, amante Charlotte, no quiero mentiros ni haceros daño. Cortémoslo ya, pues después será demasiado tarde y caeré a sus pies.

- Tenga, agarre mi mano y no se preocupe. En la vida tiene que arriesgar para ser feliz, el desconsuelo sólo es un intento más, no debe sentirse avergonzado.

Soy feliz, no necesito nada más. Tengo una parte de usted que para mí es todo.

- Me haces parecer distante, háblame de tú.

De ti Charlotte, de ti. ¿Acaso miras las estrellas como algo lejano? Dime, estamos más cerca de ellas y la luna mantiene su palidez. ¿Ves ese astro que tiene forma de ojo? Es Saturno, que devora a sus hijos con crueldad. La Osa Mayor y la Estrella Polar, Casiopea, Andrómeda y el cinturón de Orión… tantas cosas, tan pequeños nosotros y yo me pregunto…

- ¿Qué vas a hacer esta noche?

…Besarte y morir.

- ¿Y mañana?

Despertar, tal vez.

- No quisiera darte falsas ilusiones, el desenlace está lejos de llegar.

No me puede dar ni siquiera verdaderas ilusiones, me guardo mucho de ellas pues junto a la confianza y a la esperanza forman las tres parcas de mi tristeza. Regálale la esperanza a un condenado y tendrás un muerto feliz.

- Regálale una margarita a un indeciso y tendrás a Romeo.

Si pudiera sonrojarme por lo dicho no dude que mis mejillas estarían coloreadas y mi corazón avergonzado. El deseo de amar no sirve si no es amado, pero yo deseo amarla pese a todo. Amor imposible, el de una sola dirección, no hay otro, que los que mueren amantes mueren amándose. Nada hago aquí más que compartir un silencio que nos une de forma irremediable. Te he ganado pero de una forma que me sabe a derrota, porque me encuentro a tu lado pero lejano a ti. ¡Sálvame la vida! Quiero morir en tu abrazo y que dos ángeles me den alas para mirarte desde el cielo. Dulce Julieta, llevas parte de mi corazón pero el resto busca su sitio. En mi alma se mezclan sentimientos y no quiero mentirte. Debo marcharme. “¡Adiós! Despedirse es un pesar tan dulce, que adiós, adiós, diría hasta que apareciese la aurora.”

- ¿Es el final?

Jamás, no es más que el comienzo.


Raoul Lorite
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1 comentario:

Gogo Yubari dijo...

No sé bien por qué, pero cada vez que lo leo me invade la desolación...

Plenilunio

Hoy es