Persona con graves periodos de misantropía que, mezclados con el alcohol, crean una dependencia casi total de la ironía. Exhibicionista Gótico, sufre de obsesiones sadomasoquistas. Cineasta egocéntrico que a veces tiene arrebatos violentos. Poeta maudit. Depresivo blanco, como el libro de Camus.
Reconocía el pintor y escultor Antonio López en una entrevista que a su generación le costó mucho tiempo entender a Sorolla porque la crítica de la época no le tenía en consideración, tachaban su arte de anticuado en contra de las emergentes vanguardias de principios del siglo XX. Pero al final, continuaba Antonio, descubres que "pintura" y "Sorolla" es la misma cosa.
"¡Triste Herencia!", de 1899, es una de las pinturas de tesis, o de crítica, del pintor valenciano (al igual que "Y todavía dicen que el pescado es caro" o "Trata de blancas"). En él, un sacerdote del hospicio de San Juan ayuda a un grupo de niños enfermos, tullidos y poliomelíticos, a tomar un baño en la playa de El Cabanyal.
Mucho antes de que su melodía para Rocky sonara en los móviles de casi todos los boxeadores del mundo, Bill Conti tuvo un comienzo. Y el comienzo fue en Italia. Allí le encargaron una composición para una película dirigida por Warren Kiefer (también conocido en su casa por Lorenzo Sabatini)de tintes eróticos, Mademoiselle De Sade e i suoi vizi, en 1969. La película no es más que un producto exploitation erótico a la europea, que de Sade tiene sólo lo más superficial: el sexo. La banda sonora, de acabado jazzístico, es agradable y un ejemplo del buen hacer profesional de este compositor que últimamente parece ya condenado únicamente a dirigir la orquesta en la gala de los Óscars.
Éste es el diario de Arthur Gordon Pym, joven adinerado de Nantucket, y el relato de sus aventuras a bordo del Grampus, un barco ballenero.
“Todas mis ilusiones eran el naufragio y el hambre, la muerte o el cautiverio entre tribus bárbaras, una existencia de dolores y de lágrimas, arrastrada sobre alguna roca árida y desierta en medio de un océano desconocido. Estos delirios, estos deseos –pues llegaba hasta el deseo-, son muy frecuentes, según me hicieron observar después, entre la clase numerosa de hombres melancólicos”.
La única novela que escribió Edgar Allan Poe tiene la estructura de relatos seriales de aventuras marinas, publicada por entregas en un periódico en 1838. Influido por el Robinson Crusoe de Defoe, por el poema al viejo marinero de Coleridge, y por las informaciones sobre las expediciones hacia el Polo Sur; Poe crea una trama que deviene desde el realismo más crudo hasta el famosísimo final abrupto y simbólico. Pero la transición del realismo a lo fantástico es un in crescendo progresivo.
“(Parker) Tenía un aire de tranquilidad, una sangre fría, que no había observado en él hasta entonces; y antes de que abriese la boca, el corazón me anunció lo que iba a decir: me propuso, en términos breves, que uno de nosotros fuese sacrificado para salvar la existencia de los demás”.
Desde el amotinamiento de la tripulación, la deriva en pleno océano, la falta de víveres y agua, el canibalismo, el pleno sol y la tempestad, cruzando fugaz pero horrible un barco fantasmal que recuerda al Holandés Errante.
Pero es en el final, ¡ay el final!, donde Poe es Poe, y más de uno encolerizará al llegar a él y descubrir que no hay ninguna respuesta al misterio de esta narración extraordinaria, sino un enigma mucho más profundo e insondable, que suspende la incredulidad y asiste absorto, junto a Arthur, a la revelación divina velada en un rostro de un blanco más puro que la nieve.
- Todos mis amigos se han metido a las fuerzas armadas. Unos porque les atrae la idea de sostener un arma en las manos, y otros porque se quedaron sin empleo.
- En tiempos de crisis el ejército es la mayor multinacional.
"La obra es el resultado de varias semanas de trabajo realizado: apuntes, fotografías, obras de menor tamaño y bocetos en el Real Alcázar de Sevilla, más concretamente en sus jardines. En el cuadro se intenta mostrar el recorrido diario, tanto visual como de las experiencias y anécdotas vividas, durante el recorrido que realizábamos, desde que salíamos del almacén, donde guardábamos el material, hasta que llegábamos a los diversos jardines; de ahí nace su título: Desde el almacén hasta los jardines ingleses".