jueves, 3 de noviembre de 2011

No habrá paz para los malvados - Enrique Urbizu


Toca rectificar. Si alguna vez dije que no entendía del todo la fama entre la cinefilia que tuvo La caja 507, pues pensaba que todo el reconocimiento se basaba más en lo atípico de la película dentro del panorama español antes que por sus cualidades puramente cinematográficas. Algo con lo que jamás comulgaré, dicho sea de paso. No paro de leer en los comentarios a esta película la impresión de que "no parece española", dicho esto como una cualidad. Todos aquellos que piensan que esta película no parece española son los que menos conocen la heterogeneidad del cine español. Heterogeneidad que en muchas ocasiones hay que escarbar para encontrarla, cierto, pero que existe, igual que en la cinematografía norteamericana, francesa o italiana, por citar varios ejemplos. La mediocridad es lo que más abunda, pero no se puede justificar el victimismo de cierta parte del cine español que intenta defender una cinematografía rica en variedad, aunque no en oportunidades.

No habrá paz para los malvados es una película puramente española porque la protagoniza un anti-héroe barojiano, que deambula por el extrarradio madrileño sin saber muy bien por qué su vida se ha precipitado hacia el abismo. Santos Trinidad, un policía perteneciente al departamento de búsqueda de personas desaparecidas, alcohólico y pendenciero, se ve envuelto en un tiroteo dentro de un club de alterne donde asesina a sangre fría a tres personas. Un testigo huye sin que Santos pueda liquidarlo. Empieza así una doble trama en la que Santos por un lado y una jueza por otro trataran de localizar al testigo.

Buena parte de los espectadores se habrán sentido estafados por el trailer, por esa gente que monta los trailers con el piloto automático, aplicando la misma plantilla a cualquier film que se ponga por delante. La película de Urbizu es seca, fría, de ritmo pausado y sin (apenas) concesiones. Quien espere una película de género negro llena de persecuciones, un thriller lleno de giros y de secuencias de acción, que se desengañe o se alegre. Esta película no tiene que rendirle cuentas a nadie, y se lo agradezco. Está rodada con gran contención, en un estilo más desnudo incluso que el de La caja 507, con un trabajo de sonido magnífico y una puesta en escena muy acertada. Santos camina por vertederos con Madrid dormida en el fondo; allana casas humildes de familia obrera con su gotelé y sus manteles con puntilla, estancias solitarias; bares con máquina tragaperras y suelos llenos de mugre; espacios en construcción vacíos, en los que se desliza como una sombra; centros comerciales; Atocha; el miedo post-11M en la sociedad Española planea en la trama. Esto último ha sido uno de los elementos más criticados a Urbizu, que el colombiano sea siempre narcotraficante y el moro terrorista. Señores bien pensantes e integradores, estén tranquilos: los personajes más oscuros de la película siguen siendo españoles.

Es un acierto de Coronado y de Urbizu que el personaje principal, tan desgraciado y despreciable, tenga en la mirada grietas a un pasado que nunca nos explican con exactitud, tan sólo vislumbramos a través de una fotografía que Santos es padre de un hijo, o del modo en que se acaricia la alianza demuestra que una vez estuvo casado. Detalles que nunca se hacen explícitos. Así como en la mirada hay rastros de ternura y de vergüenza de sí mismo (ejemplo de esto es la escena extraordinaria en la que un joven policía reconoce a Santos y le dice que es hijo de un antiguo compañero suyo, que su padre habla siempre de él con admiración. Lacónico, Santos le pide por favor que no le diga a su padre que le ha visto).

La interpretación de la juez a cargo de la cantante Helena Miquel no está a la altura de las circunstancias, y quizá sea culpa de la gran cantidad de escenas de diálogo que tiene. Urbizu tenía la intención de contraponer la parquedad de palabras de Santos con la profusión de la jueza Chacón, pero tiene el grave problema de que sus frases suenan guionizadas. Probablemente porque ni es actriz profesional ni el director se ha esforzado lo suficiente en adaptar las frases a la persona que tenía que pronunciarlas.

Fallos que no deslucen la suciedad de una película sobria, seca y dura, que nos cuenta más que el mal llamado "cine social", sobre unas fuerzas del orden que no inspiran ninguna confianza, en una sociedad intranquila que desde los atentados del 11 de marzo se siente vulnerable y recelosa ante los de fuera. Hay quien verá erroneamente una excusa para sus miserias.

Raúl Lorite 


1 comentario:

PÔLIE MART dijo...

Buscaré a ver si la encuentro, no conocía a director entre lo poco que he logrado "escabar" sobre el cine de tu país y siendo una de las tantas ignorantes en decir "no parece española" xD

Abrazos:)

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